Boda de papel – Lilian Darcy

Boda de papel - Lilian Darcy

BODA DE PAPEL _Lilian Darcy
© 1999 Melissa Benyon.
Boda de papel (2000)
Título Original: The baby bond
Colección: Bianca N° 1120 – 1.3.00
Protagonistas: Tom Callahan y Julie Gregory

Argumento:
Julie Gregory, madre de alquiler, era de pronto la única madre del bebé que llevaba en las
entrañas. ¡Y el padre de éste ni siquiera sabía que su mujer la había contratado para tener el
bebé! Sin embargo, el millonario Tom Callahan no estaba dispuesto a renunciar a su
descendiente, razón que lo llevó a forzar un frío matrimonio de conveniencia…
Pero enamorarse apasionadamente de su nuevo marido no fue la mayor sorpresa: ¡estaba
embarazada de gemelos! Con todo, Julie sabía que su corazón estaría siempre vacío si no
obtenía el mejor regalo posible: el amor de su esposo.

Capítulo 1
Y POR FIN, el marido de Loretta. Julie sólo tuvo unos segundos para formarse
una idea del hombre que había estado casado con su prima. Tom Callarían se
acercaba hacia ella sobre el reluciente suelo de aquel espacioso y frío
despacho.
Vio que era alto, moreno, de piel bronceada; llevaba un traje de algodón y tenía
más de treinta años.
Y, sin tiempo para más, ya le había dado la mano para saludarla. Se miraron
en silencio, sin saber qué decirse, cómo empezar.
A pesar de la presión del instante, el roce de su mano le resultó agradable.
Entonces, con cautela, a modo de tributo a ese primer encuentro, le dio un
abrazo. No le pareció raro. El martes anterior, en el funeral de Loretta, también
la habían abrazado personas desconocidas.
-Julie -dijo él al cabo. Su voz sonó más profunda de lo que lo había hecho el
día anterior por teléfono.
-Tom.
Era fuerte, atlético. Podía sentir los duros músculos de sus antebrazos, así
como los de su pecho fornido. No había esperado encontrarse con un hombre
tan potente. Pero así era mejor: en esos momentos, necesitaba tener dónde
apoyarse.
Sólo entonces comenzó a darse cuenta de la importancia que, a partir de ese
momento, tendría ese hombre en su vida.
Sus ojos eran negros y brillantes, y su tupido cabello, un poco despeinado y
largo por el flequillo, invitaba a ser puesto en su sitio con una caricia de mujer.
Cerró los ojos, aspiró su fragancia viril y notó un temblor que contrastaba con la
firmeza de Tom.
-Me alegra que hayas venido -dijo éste, con los labios sobre el cabello de Julie.

-Tenía que hacerlo -respondió ella.
Lo cual era cierto, aunque Tom no supiera por qué… Pero lo sabría al término
de ese encuentro. Durante el viaje en avión y coche hasta Filadelfia, apenas
había pensado en otra cosa. Don Jarvis, asistente personal de Tom, la había
ido a recoger al aeropuerto para llevarla al despacho de su superior y casi no
habían acertado a cruzar dos palabras. Por suerte, Don había sido respetuoso
con su silencio, atribuyéndolo al duelo por la muerte de Loretta.
Cuando Tom la soltó, finalmente, se quedaron mirándose a la cara, sin tocarse,
pero aún cerca el uno del otro.
-Es muy duro -comentó él.
-Sí -convino Julie, con un nudo en la garganta.
-Siento no haberte ido a recoger yo mismo.
-¡No, por favor! No hacía falta que alteraras tu horario.
-¿Sabes? Ayer, cuando llamaste… -Tom se quedó callado y negó con la
cabeza, incapaz de hallar las palabras-. Mira, voy a darle el día libre a mi
secretaria, Marcia, y luego hablamos con calma. Tenemos que hablar sin que
nadie nos interrumpa. Siento que no pudieras localizarme antes del funeral.
-Yo también. Lo intenté.
-Estuve un par de días de viaje.
-Y Loretta no tenía tu dirección ni tu teléfono apuntados en ningún sitio obvio.
Miré en sus papeles por encima, pero…
-Ya sé que lo intentaste -aseguró Tom-. Y te lo agradezco. Estos días habrán
sido terribles para ti. Discúlpame sólo un segundo.
Salió del despacho y Julie lo oyó dar un par de instrucciones a su secretaria.
Le dio tiempo a pensar, a sentir la creciente inquietud que había comenzado
cinco días atrás, a las pocas horas de enterarse de la muerte de Loretta. ¿Por
qué le había costado tanto encontrar alguna referencia sobre el paradero de
Tom Callahan entre los papeles de Loretta? ¡Era su marido! Y, sin embargo, no
daba la impresión de que a Tom lo hubiese sorprendido que no hubiera podido
localizarlo.
Algo no encajaba. En absoluto.
Después de cinco noches sin dormir bien, estaba agotada. Se hundió en uno
de los dos sillones de cuero que daban a la ventana, con vistas al lago
Diamond, y la belleza de la vista pareció serenarla. Comprendía perfectamente
que Tom hubiera escogido un lugar así para pasar el verano; lo que no
entendía era…
Había regresado. Puso una bandeja sobre la mesita que había junto a ella y
tomó asiento en el sofá de al lado.
Había llevado café. Dos tazas humeantes. No le apetecía demasiado, pero
necesitaba algo con qué ocupar las manos.
-Sí, gracias: con leche y azúcar, por favor -respondió Julie. Quizá tomar algo
dulce aliviaría las ganas de vomitar que llevaba sintiendo toda la mañana.
-Ya veo que no te preocupa mucho mantener la línea -bromeó él con cuidado.
-No mucho.
Pero él sí se estaba fijando en el cuerpo de Julie. Y, a pesar de las ojeras que
se abolsaban bajo sus ojos azules, después de cinco días de fatiga y estrés,
era una mujer muy guapa.
Llevaba el pelo recogido sobre la cabeza, y sólo escapaban a su peinado
algunos cabellos rubios que caían ondulados sobre la suave piel de su cara.
Tenía pecas en la nariz y, sin duda, la boca más sensual y generosa que jamás

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