Corazón Libre – Lilian Darcy

 Corazón Libre - Lilian Darcy

Corazón Libre (07.11.2001)
Título Original: A Nurse in Crisis (2000)
Editorial: Harlequín Ibérica
Sello / Colección: Bianca 1271
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Marshall Irwin y Aimee Hilliard

Argumento:
La relación del doctor Marshall Irwin y su enfermera Aimee Hilliard iba viento en popa; estaban locamente enamorados el uno del otro…
Pero de la noche a la mañana la vida de Aimee se convirtió en un desastre al arruinarse por completo. No podía confesar su situación a Marshall porque sabía que él trataría de ayudarla y, tras su primer matrimonio, Aimee había jurado no volver a depender económicamente de ningún hombre. Se encontraba en una terrible encrucijada: corría el riesgo de perder su independencia o al hombre al que amaba…
¿O acaso había una manera de conservar ambas cosas?

Capítulo 1
—¿Va en serio, papá? —preguntó Rebecca Irwin en voz baja
Marshall miró a su hija a los ojos desde el otro lado del mostrador de recepción del consultorio médico donde ambos trabajaban. Rebecca tenía unos ojos azules e inteligentes.
La pregunta lo había pillado desprevenido, sobre todo en ese momento. El habitualmente bullicioso consultorio de Sidney estaba en silencio, puesto que el personal se había marchado ya a casa.
La enfermera Aimee Hilliard había sido la última persona en abandonar la clínica, hacía tan solo un par de minutos, y Marshall y su hija se habían quedado solos. Marsh planeaba llamar por teléfono a Aimee esa noche, y estaba seguro de que ella se alegraría de oír su voz. No sería la primera vez que la llamaba de noche, aunque se estuviera tomando las cosas con tranquilidad…
—Aún no lo sé —le contestó a Rebecca—. Estoy empezando a pensar que tal vez sí. Yo… —Marshall vaciló; era una persona reservada—. En realidad, me gustaría que así fuera.
Rebecca emitió una exclamación0entrecortada.
—¡Papá! ¿Qué diantres…?
Parecía horrorizada. Marshall sintió que se ponía tenso. Su hija lo miraba con la boca abierta y los ojos como platos.
—Vamos a dejar esto bien claro —dijo Rebecca despacio—. Estoy hablando del resultado de los análisis de la señora Deutschkron.
—¿De la señora…?
—Ahí están —señaló—. En los informes de patología que tienes debajo de la mano; y el suyo es el de arriba. Vi su nombre hace unos minutos, cuando Bev te los pasó.
—Aún no los he leído —confesó Marshall.
—¿Entonces de qué estabas hablando? —preguntó Rebecca en tono de acusación.
Marshall se puso colorado, y se sintió culpable y avergonzado, como un niño al que hubieran sorprendido robando caramelos.
—De nada importante.
Pero ella no se lo tragó.
—Vamos a ver. Aún no lo sabes. Estás empezando a pensar que podría ser, y te gustaría que así fuera —Rebecca hizo una pausa—. Papá, te referías a Aimee, ¿verdad?
—Sí —asintió con brevedad—. Pensaba que te estabas refiriendo a eso.
Se produjo un incómodo silencio.
—En realidad, llevo un tiempo dándole vueltas.

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