Dos hombres – Leslie Kelly

Dos hombres - Leslie Kelly

Dos hombres – Leslie Kelly

Cariño, estoy preparada. Llevo toda la semana esperando este momento… Por fin solos. Ya es hora de que te
quites esa ropa y te pongas algo cómodo.
Sin esperar respuesta y, por supuesto, sin recibir ninguna, Chloe Weston tomó la hebilla del cinturón, la desató y,
con un rápido movimiento de los dedos, desabrochó el botón de los pantalones. Agarró la lengüeta de la cremallera y
la bajó delicadamente. El metálico siseo de los dientes de la cremallera quebró el silencio de la noche y fue seguido
por el susurro de la tela cayendo al suelo.
Chloe se puso de puntillas y alcanzó la cinta elástica de los calzoncillos. Tiró de ellos hacia abajo, se sentó sobre
los talones y suspiró.
—Es viernes por la noche. Soy una soltera razonablemente atractiva de poco más de veinte años y acabo de
desnudar a un hombre —se pasó

El maniquí no respondió. Y tampoco su colega femenino que permanecía detrás de Chloe en el escaparate principal
de la galería comercial Langtree’s.
Qué forma de pasar un viernes por la noche. Sola, en unos desérticos y exclusivos almacenes de Boca Ratón, en
Florida. Rodeada de prendas de diseño ridiculamente caras, complementos de cuero y pretenciosas joyas… y con un
puñado de maniquíes de plástico como única compañía.
Chloe se encogió de hombros y revisó sus notas para pensar en la nueva disposición del escaparate. Los
viernes por la noche se cambiaban los principales escaparates de la galería. Una gran cosa, especialmente desde que el
director le permitía hacer montajes más atrevidos. Hasta entonces, Chloe se había limitado a aportar sus propios toques
creativos en los escaparates de la parte posterior de los almacenes.
Aunque solo llevaba seis meses trabajando en Langtree’s, sabía que sus creaciones ya habían llamado la atención.
No, al director no le había hecho mucha gracia que dejara un maniquí completamente desnudo con un bañador
colgando de uno de sus dedos. Pero al público le había encantado y al final el mismísimo Troy Langtree había
aceptado escuchar sus ideas para los principales escaparates de la entrada.
Justo cuando estaba alargando la mano hacia la cremallera del traje de noche de la maniquí, Chloe oyó el sonido
de un motor. Se asomó a través de las gruesas cortinas que cubrían el escaparate y vio una camioneta negra aparcada
en la acera. Miró el reloj. Eran poco más de las doce de la noche. El guardia de seguridad debía estar haciendo su ronda,
pero podía encontrarse en cualquiera de los tres pisos del almacén. Con su mala suerte, y con la reputación del vigilante,
seguramente estaría roncando en uno de los colchones de la sección de muebles. Lo que significaba que tendría que
tratar ella sola con la banda de ladrones que probablemente estaba a punto romper con un banco la luna del
escaparate para robar las joyas que se exponían en él.
Agazapada tras las cortinas, Chloe vio salir a un solo hombre de la camioneta. Y cuando este pasó bajo una farola y
pudo distinguir su rostro, suspiró aliviada.
—Troy Langtree.
Probablemente había ido a comprobar qué estaba haciendo con su precioso escaparate.
—¿Por qué los hombres guapos tienen que ser tan impertinentes? —musitó en voz alta.
Troy era un hombre atractivo, eso era incuestionable, pero Chloe había conocido pocos hombres tan estirados
como él. Se había fijado en él en más de una ocasión desde que había comenzado a trabajar en aquella firma
familiar.
Al fin y al cabo, Troy era un hombre soltero, rico y guapo. En algunos aspectos, era todo lo que Chloe podía desear.
Los rumores decían que era muy inteligente, estable y trabajador. Justo lo contrario de los últimos hombres con los que
había salido… Y también de su propio padre, sus dos padres adoptivos y la larga cadena de novios de su madre.
Exactamente lo que estaba buscando.
O al menos eso había creído al principio. Pero Chloe no podía soportar a un hombre que no sonreía, que no
disfrutaba con nada. Ese era el problema de ser demasiado maduro y sensato. Por lo que Chloe había oído, la única
pasión de Troy era correr. Al parecer vivía cerca de la playa y le gustaba correr varios kilómetros todas las mañanas. Lo
que probablemente explicaba su físico perfecto, por no mencionar su bronceado. Dos rasgos que, de alguna manera,
no encajaban con la imagen de hombre trajeado con la que aparecía en público.
El caso era que, por atractivo que Troy Langtree pudiera ser, parecía incapaz de disfrutar de la vida. Y por mucho
que Chloe anhelara encontrar a un hombre guapo, estable y trabajador, para ella era un requisito indispensable que
su pareja supiera reírse.
-Advirtió mientras lo observaba que no iba vestido con uno de sus habituales trajes azul marino. Por increíble que
pareciera, llevaba unos vaqueros particularmente estrechos, que realzaban las líneas de sus músculos… por no
mencionar las curvas de un trasero magnífico en el que hasta entonces Chloe no se había fijado.
Mientras Troy salía del haz de luz de la farola, un relámpago iluminó el cielo. Chloe lo vio fruncir el ceño y creyó
verlo pronunciar un juramento. Cuando Troy se agachó al lado de la camioneta para revisar la rueda comprendió por
qué.
—Ha pinchado —musitó para sí.
Chloe observó a Troy ir a buscar la rueda y la palanca a la parte trasera de la camioneta. Era extraño, ella habría
jurado que sería miembro honorario de cualquier club de carretera. Le impresionaba que un hombre como él supiera
cambiar una rueda.
En cuestión de minutos, Troy había sacado la rueda pinchada. Chloe, todavía escondida tras las cortinas, tuvo que
reprimir las ganas de salir a ayudarlo.
Unas gotas de lluvia comenzaron a deslizarse por la parte superior del escaparate. Pero Troy no parecía notar la
lluvia.
—Será mejor que te des prisa, amigo —susurró Chloe para sí.
Troy dejó la rueda pinchada en la acera y Chloe apreció la fuerte musculatura de sus brazos.
—Muy bien, así que no le asusta el trabajo físico…
Troy se limpió las manos en los vaqueros, dejando una mancha de grasa en la cadera. Volvió de nuevo al trabajo, pero
de pronto se detuvo y levantó la mano. Al verlo hacer una mueca y llevarse un dedo a los labios, Chloe comprendió
que se había hecho daño.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*