Ella me vuelve loco – Leslie Kelly

Ella me vuelve loco - Leslie Kelly

Ella me vuelve loco – Leslie Kelly

Argumento:
Al volver a Joyful, Emma Frasier se encontró con las sonrisas lujuriosas y los guiños que cualquiera le dedicaría… a una estrella del cine erótico.
Gracias a los chismorreos propios de un pequeño pueblo, los habitantes de Joyful creían que Emma Jean era la «famosa estrella» que iba a abrir un club de striptease en el pueblo. Y sus evidentes atributos adornaban una enorme valla publicitaria.
Por si el hecho de que la confundieran con una reina del cine para adultos no fuera lo bastante inquietante, estaba Johnny Walker, el antiguo chico malo del pueblo que ahora era bueno… y que pretendía que Emma fuera tan «mala» como todos creían que era.

Prólogo
—Johnny, tienes que ver esto. Han colgado un par de senos enormes encima de la salida veintitrés.
Johnny Walker, fiscal del condado que debía su nombre a la marca favorita de whisky de su padre, apenas alzó la mirada mientras continuaba echando gasolina en su todoterreno. Todavía era demasiado temprano para descifrar los balbuceos de Lester sobre sexo.
Si ese mismo comentario lo hubiera hecho cualquier otro, habría conseguido despertar su curiosidad. Pero estaba con Lester, propietario de las dos únicas gasolineras de Joyful, Georgia. Lester quizá no se acordara de cómo le apodaban en el instituto, pero tanto Johnny como la mayoría de la población femenina del instituto, todavía le recordaban como Lester el libidinoso.
—Toma, Les —Johnny sacó un billete de veinte dólares del bolsillo y se lo tendió.
Pero Lester no le prestó atención. Continuaba mirando fijamente hacia el cielo. La curiosidad acabó picando a Johnny también. Siguiendo el rumbo de la mirada de su antiguo compañero de instituto, descubrió lo que había capturado su atención.
Lester tenía razón. Había una valla publicitaria con unos senos enormes en la salida de la autopista.
—Maldita sea —musitó Johnny sin poder creer lo que veían sus ojos. Y no pudo evitar añadir—: Bonito par.
Desde luego, los habitantes de aquel pueblo miserable iban a tener algo de lo que hablar cuando se despertaran. Sí señor, los habitantes de aquella cálida y almibarada población, tan falsamente dulce como un caramelo de limón, se asomarían a la ventana mientras engullían los cereales de la mañana y contemplarían aquel par de montañas nevadas que se alzaban sobre la autopista. Porque desde allí, las dos borlas blancas que apenas cubrían el diámetro de los pezones parecían dos bolas de nieve.
Lester continuaba en silencio, babeando en un callado homenaje a aquellas colinas que resplandecían bajo el sol de la mañana. Al final, susurró:
—¿Qué demonios se supone que es eso?
Johnny se encogió de hombros.
—¿Nunca has oído decir que el sexo vende? Puede ser un anuncio de cualquier cosa, desde pasta de dientes hasta Viagra.
—Qué va, de Viagra no puede ser —dijo Les con un gesto de desprecio—. Con un cartel como ése, ningún hombre necesita tomar Viagra.
Personalmente, Johnny nunca había necesitado excitarse contemplando catálogos de lencería femenina. No. Desde que tenía catorce años y había estado con Cherry Hilliard, una adolescente que se había comportado a la altura de lo que se comentaba sobre ella en los vestuarios de los chicos, sólo había.

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