Embarazo Secreto – Lilian Darcy

Embarazo Secreto - Lilian Darcy

Embarazo Secreto (2006)
Título Original: The Father Factor
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección: Julia Nº 1586 — 4.1.06
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Jared Starke y Shallis Duncan

Argumento:
Shallis no esperaba encontrarlo a él en el bufete de abogados que tenía su padre en el pueblo. Jared Starke era un guapísimo e importante abogado de la gran ciudad. Y desde luego la ex miss Tennessee no esperaba que aquella reunión sobre las propiedades de su difunta abuela acabara convirtiéndose en un apasionado romance secreto…
¡Pero eso era lo que había ocurrido! Y ahora Shallis estaba embarazada de Jared.
Tenía que contárselo, por supuesto. Lo que ella no sabía era que Jared había recibido otra noticia relacionada con la paternidad…
Estaba a punto de recibir una noticia que cambiaría su vida…

Capítulo 1
Perdona, creo que me has dado demasiado cambio —Shallis Duncan enseñó una mano llena de monedas y billetes al adolescente de la caja, pero él siguió mirándola boquiabierto, con los ojos como platos.
—¿Eh? —su mirada nublada bajó a donde habría estado su escote si llevara puesto un bikini, en vez de un traje chaqueta gris paloma. Su boca se abrió aún más, revelando su desilusión al ver tanta tela.
—Demasiado cambio —repitió Shallis con paciencia—. ¿Ves? Te di cinco dólares para pagar algo de dos dólares y seis céntimos, y me has devuelto cuarenta y siete dólares y noventa y cuatro céntimos —esbozó una sonrisa tipo hermana mayor—. No creo que a tu jefe le guste.
—Ah, sí —contestó él vagamente—. ¿Quería verlo?
Por lo visto, el chico seguía sin entender. Se rindió.
—Toma —agarró su mano, volvió la palma hacia arriba y puso dos billetes de veinte y uno de cinco en ella. Él se miró la mano, inmóvil—. Ponlo de nuevo en la caja, ¿de acuerdo? —lo aleccionó—. Que tengas un buen día.
Las cinco últimas palabras parecieron encender una lucecita en la mente del chico. Dejó de mirarse la mano.
—Ah, sí, que tenga un buen… —se detuvo, con la impresión de que alguien acababa de decir eso— ah, Miss Amé… señorita Duncan —concluyó.
Shallis suspiró mientras salía de la tienda con el tubo de bálsamo labial en una mano y un maletín de cuero en la otra. Antes o después, esas cosas acabarían.
Pero no aún.
—¡Vaya!, la princesa local de Hyattville —dijo un hombre que salía de una agencia inmobiliaria.
—Buenos días, señor Delahunty —dijo ella, con la sonrisa adecuada de su amplio repertorio.
El bufete de Abraham Starke estaba unas puertas más allá. Tenía persianas de lamas de cedro en las ventanas, un llamador y una placa de latón bruñido en la puerta y una bonita fachada de ladrillos pintados de color crema, con remates azul pálido.
Si se hubiera guardado los cuarenta y cinco dólares sin decir nada, no se habría cruzado con el señor Delahunty. Ya estaría en la relativa seguridad de su cita privada con un hombre de edad suficiente para ser su abuelo que no se impresionaría ni se convertiría en tartamudo al ver a una ex reina de belleza.
Quizá debía concluir que a veces los actos criminales eran justificables.
El señor Delahunty era ayudante de dirección de su padre, en el Banco del Condado de Douglas; no podía ser grosera con él. En realidad, si fuera grosera con

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