Hijo inesperado – Leanne Banks

Hijo inesperado - Leanne Banks

Hijo inesperado – Leanne Banks

La paternidad no entraba en sus planes, pero cuando el millonario Rafe Medici descubrió que tenía un
heredero, se empeñó en que el niño viviera bajo su techo. Sólo la tutora legal del niño, Nicole
Livingstone, se interponía entre su deseo y él. Pero nadie le llevaba la contraria a un Medici y, si tenía
que recurrir a la seducción para ganarse a Nicole, Rafe estaba dispuesto a intentarlo. Pero mientras
conseguía ablandar a la bella mujer, el rico soltero tenía que asegurarse de que ella no le hiciera
cambiar su regla de “todo menos amor”.

Prólogo
Era la una de la madrugada y los hermanos Medici estaban celebrando el Año Nuevo con una botella de whisky escocés y una partida de billar. Por una vez, Rafe estaba ganando a su hermano mayor, Damien. Sin embargo, Michael, el menor, le pisaba los talones.
—Acabemos- con esto —Damien tiró y falló con las prisas.
—¿Estás ansioso por volver con tu esposa? —lo pinchó Rafe.
—Ya habrá salido de la ducha —dijo Damien con una sonrisa en los labios—. Pretendo empezar el año nuevo con buen pie.
Nunca pensé que dejarías que una mujer se interpusiera entre tú y ganarme al billar —dijo Rafe, colando una bola en una tronera de esquina.
—Estás celoso porque no tienes a una mujer como Emma esperándote —replicó Damien.
Rafe no pudo evitar un pinchazo de dolor. Desde su desastroso romance con Tabitha Livingstone no había dejado que ninguna mujer lo afectara. Falló su siguiente tiro y masculló entre dientes.
•En eso tiene razón —Michael acertó su tiro—. Si —clamó, triunfal. Preparó el siguiente y falló.
Damien miró su reloj y luego a sus hermanos. Dejó el taco y alzó la copa.
—Por los dos, para que este año encontréis una mujer la mitad de buena que Emma —tomó un sorbo y salió de la sala.
—Ahora ganaré yo —Rafe realizó dos buenos tiros. Con dos más, ganó la partida.
—Has ganado —dijo Michael.
—Sí —afirmó Rafe, pero el triunfo no le supo tan dulce como había esperado.
—¿Qué quieres hacer ahora —preguntó Michael, como si el también se sintiera perdido.
—Jugar al blackjack —repuso Rafe—. Puede que no tengamos suerte en el amor, pero apuesto a que alguno de los dos ganará dinero.

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