Placer imprevisto – Leanne Banks

Placer imprevisto - Leanne Banks

Placer imprevisto (2009)
Título Original: Bedded by the billionaire (2008)
Serie: 1º El Club de los Billonarios
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección: Deseo 1630
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Max DeLuca y Lilli McCall

Argumento:
El hijo que llevaba dentro la había unido a aquel millonario.
Max DeLuca debía cuidar de la bella y embarazadísima Lilli McCall. El
hijo que llevaba en su interior era de su difunto hermano y, por tanto, Max
debía protegerlo, para lo cual se llevó a Lilli a su casa… sin saber que eso
haría que se descontrolaran sus emociones. Nunca antes había sentido tal
pasión ni tal deseo de cuidar a una mujer.
Pero entonces descubrió un secreto que Lilli parecía empeñada en ocultar.
La verdad podía hacer que Max se pusiera a sus pies… o separarlos para
siempre.

Capítulo 1
—Tengo entendido que está esperando un hijo de mi hermano.
Por instinto, Lilli McCall se llevó una mano al abdomen. Empezaba a arrepentirse de haber dejado entrar en su apartamento a Maximilian DeLuca y al hombre que lo acompañaba. Pero no era la primera risita que recibía desde la trágica muerte de Tony DeLuca un par de semanas antes. No, desde entonces había tenido varias visitas inesperadas y todas ellas desagradables.
El parecido familiar era evidente: la piel morena, los ojos oscuros, una estructura ósea similar. Pero aquel hombre no era tan guapo como Tony, que era todo encanto y sonrisas… y mentiras. No, Maximilian DeLuca tenía unos rasgos tan duros que parecían esculpidos. Y no parecía un hombre que sonriera frecuentemente.
Tony le había hablado a menudo de su hermano, quejándose porque, según él, era despiadado y cruel incluso con la familia. Lo llamaba «el hombre de hierro».
Y ella, que se había apartado de Tony por buenas razones, no quería saber nada de otro DeLuca.
—¿Señorita McCall?
Lilli asintió con la cabeza, intentando no sentirse intimidada por aquel hombre tan alto.
—Sí, empezamos a salir juntos tras la muerte de mi madre, pero las cosas no nos fueron bien.
—No hace falla que me dé detalles. Como sabe, mi hermano murió en un accidente de coche sin dejar testamento y…
—Yo no espero nada de Tony.
—¿Ah, no?
—No. Se portó muy bien conmigo cuando mi madre murió, pero enseguida me di cuenta de que no había sitio para mí en su mundo.
—¿Por qué?
—Porque… —Lilli vaciló, acongojada al recordar la noche que rompió con él para siempre—. Teníamos valores diferentes. Yo quería que el niño creciese de otra manera.
—Pues tomó la decisión un poco tarde, ¿no?
—Sí, desde luego. Pero puedo centrarme en el niño o en mis propios fracasos. Y centrarme en mis fracasos no ayudaría nada. Y como yo no esperaba nada de Tony, usted no tiene por qué…
—Ahí es donde no estamos de acuerdo —la interrumpió él, volviéndose hacia el hombre que lo acompañaba—. Jim, ¿me das los papeles? Señorita McCall, le presento a Jim Gregory. Supongo que lo reconocerá porque ha llamado a su puerta un par de veces esta semana.

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