Rebelde con una causa – Leigh Michaels

Rebelde con una causa - Leigh Michaels

Rebelde con una causa – Leigh Michaels

En Fultonsville todo el mundo parecía entusiasmado por la idea de que Brett Hilliard instalara allí su nueva
fábrica de chocolate. Pero Rebecca Barclay desconfiaba de él por su habilidad paro convencer a la
gente. Tuvo que acercarse a Bretf para observarlo de cerca y demostrar su falsedad. ¡El problema fue
que pronto empezó a descubrir lo que los demás veían en Brett!

Capítulo 1
L A escalera de incendios retumbó cuando Rebecca Barclay salió corriendo por los
escalones mientras buscaba en su dersordenado bolso la llave de la puerta posterior de la
emisora. El tráfico la había retrasado y, como siempre, llegaba a tiempo por los pelos. Si
seguía así volvería a la lista negra de Jack Barnes… En realidad siempre había estado en ella.
En los cuatro años que llevaba trabajando en la pequeña estación de radio y televisión de
Fultonsville, no había dejado de discutir y pelear con el director. «Por fortuna», solía decirse,
«mis oyentes me adoran y harían una manifestación frente al estudio si alguien me impidiera
transmitir el programa».
La puerta daba a un estrecho pasillo que en ese momento estaba vacío. Pasó de puntillas
ante el estudio de televisión donde Jack estaría impaciente esperando a que ella apareciera
y siguió hasta su diminuta oficina.
La habitación, sin ventanas, no era el lugar adecuado para la creadora de un programa
radiofónico tan popular como Rebelde con una causa.
-A la primera oportunidad exigiré una oficina más grande -comentó en voz alta, mirando
el reducido espacio con irritación.
-No lo hagas hoy -observó a su espalda una voz femenina-. Jack no ha dejado de
gruñir en el estudio esperando tu llegada.

-Me dijo que deseaba grabar el programa de televisión a las diez -consultó su reloj y se
encogió de hombros-. Faltan cinco minutos.
-Pues está furioso -la secretaria sacudió la cabeza-. Aquí tienes tus recados; ya
imaginaba que entrarías por la puerta de atrás.
-Esta oficina es ridícula -dejó los papeles y reanudó el ataque-. Bastante malo es
traer aquí a un invitado antes de que empiece el programa, no hay sitio para que se siente.
Pero si Jack espera que siga trabajando en la televisión, tendrá que darme un despacho
más grande. Como mínimo necesitaré un tocador –cogió un cepillo y se inclinó para cepillarse el
cabello castaño. Al enderezarse, sacudió la cabeza y el pelo cayó de manera natural sobre sus
hombros. Se colocó unos mechones sobre la frente y quedó peinada de manera muy natural.
-Nunca he comprendido cómo lo haces -sonrió, Janet, admirada.
-Nací con suerte -Rebecca se miró en el pequeño espejo que colgaba detrás de la
puerta-. Malditas pecas -masculló antes de empolvarse la nariz.
-Hoy necesitarás toda tu suerte para salir ilesa del estudio. -Puedo lidiar con Jack
Barnes cualquier día del año.
-Quizá hoy no te vaya tan bien con el invitado. Está esperán dote desde hace media
hora en la sala verde.
-Es problema de él -respondió pintándose los labios
-Quizá sea tuyo también -gruñó Janet-. No parecía contento con tu retraso.
-Nunca llego tarde, pero tampoco temprano porque es una pérdida de tiempo -sonrió
de manera triunfal y se estiró la chaqueta de lino azul oscuro-. Por cierto… -agitó la mano
izquierda ante los ojos de la secretaria.
-¡Dios! -la chica le cogió los dedos y observó el hermoso brillante montado en una
sencilla alianza de oro-. No creí que Paul lo hiciera. ¿Cuándo te propuso matrimonio?
-Anoche -deseó que Janet no lo hubiera dicho de ese modo porque sonaba como si
ella hubiera perseguido a Paul. -¿Se lo ha dicho a sus padres?
-Por supuesto -tampoco le agradó esa pregunta-. Seria incorrecto no hacerlo.
-¿Dio la aprobación su madre?
-Parece contenta -Rebecca se encogió de hombros-. Pero aún no se lo he comunicado
a mi padre.
-¿Usarás el anillo aquí?
-¿Qué más da? El programa se pasará esta noche y, para entonces, ya se lo habré dicho.
Paul y yo iremos a ernur con él. Tengo que ir al estudio, Janet-caminó por el pasillo y llegó justo
cuando el gra reloj de pared marcaba la hora exacta.
Un hombre calvo, con un cigarrillo en la mano, estaba de pie en el centro del cuarto y
agitaba un dedo hacia uno de los cámaras Rebecca lo observó un momento y sonrió. El

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