Seduciendo A Su Enemigo – Leslie Kelly

 

Seduciendo A Su Enemigo - Leslie Kelly

Seduciendo a su enemigo (2002)
Serie: Logan
Título Original: Into the fire
Editorial: Harlequin Ibérica
Género: Contemporáneo

Argumento:
Lo único que la columnista Lacey Clark odiaba más que a Nate Logan, columnista de otro periódico, era su propia vida, una vida terriblemente aburrida. Deseaba convertirse en una mujer espontánea, segura… y sexy. Por eso, cuando conoció a aquel desconocido y se sintió instantáneamente atraída hacia él, pensó que no volvería a tener una oportunidad como aquella, y no dudó en caer en la tentación. ¿Cómo iba a imaginar que aquel maravilloso amante era en realidad su peor enemigo?
Nate Logan no podía creer lo que había sucedido. ¿Cómo podía haber hecho el amor de aquel modo con la mujer que había convertido su vida profesional en un verdadero infierno? ¿Y cómo era posible que siguiera deseándola tanto?

CAPITULO UNO
En el suntuoso vestíbulo de una señorial mansión de Baltimore decorada con gusto, rodeada de una multitud elegantemente vestida para la ocasión, Lacey Clark empezó a sudar. Pero no se trataba de una gota que, como el rocío de la mañana, hubiera perlado con delicadeza su labio superior. El vestido de noche, negro y ajustado, estaba empapándose a medida que los invitados se iban sumando a la fiesta. En pocos minutos se harían visibles dos grandes manchas de sudor bajo sus axilas y su maquillaje le surcaría el rostro de arriba abajo.
—Tengo que salir de aquí—se dijo en un susurro, mientras sopesaba las posibilidades que tenía de atravesar la marea humana y llegar hasta la puerta.
Seguramente nadie notaría su ausencia. Todas las mujeres que habían acudido a la recepción parecían cortadas por el mismo patrón. El noventa por ciento de ellas vestía el uniforme típico de aquellas reuniones. Un vestido negro, corto y ceñido al cuerpo, medias negras transparentes, sin costuras, y brillantes. Además, se elevaban sobre unos zapatos de tacón ridículamente altos y completaban su imagen con un bolso inútil en el que apenas cabía la barra de labios. Todo ello presidido por una expresión de aparente seguridad que apenas ocultaba el aburrimiento.
El aburrimiento siempre había hecho sudar a Lacey Clark. De la misma manera que los vestidos de noche, ceñidos a la piel, excesivamente generosos para la vista y unos tacones tan exagerados que se preguntaba si no acabaría cayéndose de culo delante de la crema y la nata de la sociedad de Baltimore. Y no era que sintiera un gran aprecio hacia dicha sociedad. Ella no pertenecía a ese mundo. Lacey hubiera preferido encontrarse en su bar favorito rodeada de sus amigos.
Por enésima vez esa noche, se lamentó por no haber sido capaz de encontrar un modo para eludir la velada. Además de tener que soportar un vestido demasiado apretado, unas medias que te picaban y un maquillaje que empezaba a rezumar, esa noche su vida iba a tomar un nuevo rumbo. A Lacey le desagradaba sentirse acorralada tanto como que se airease su vida privada. Y esa noche, en la mansión de su jefe, durante la recepción en la que se la iba a honrar por su trayectoria profesional, también iba a sufrir una flagrante intromisión en su vida íntima, su familia, su pasado y su querido y añorado mundo que había dejado atrás.
—¡Maldita sea!—masculló al comprender que la situación había escapado por completo a su control.
Era una sensación muy desagradable. A su lado, dos miembros del equipo de dirección de la revista para la que Lacey escribía te hicieron señas para que se acercase. Ella sonrió e hizo una mueca por encima del hombro para dar a entender que estaba esperando a una persona. No quería verse envuelta en una charla insustancial. Lacey solo deseaba escapar de allí. Quizás podría desaparecer unos minutos, pero sabía que no podía abandonar la fiesta cuando estaba programado que recibiera un premio por su trabajo. Además, aun cuando se las ingeniase para huir, J.T. Birmingham, editor millonario y propietario de la revista para la que trabajaba Lacey, Solo para sus ojos, revelaría públicamente la sorpresa de la noche. El anuncio que todos esperaban. La confirmación, más allá de cualquier duda razonable, de la íntima relación que los unía y que Lacey se había esforzado por mantener en secreto. Pero nada de lo que había dicho durante las últimas seis semanas había logrado disuadirlo. Estaba a punto de reventar y quería revelar la verdad al mundo en el día de su jubilación. Y no le importó que Lacey se hubiese mostrado disconforme.
Había descartado una carrera suicida hacia la puerta. Pero podría desaparecer un rato. Empezó a deslizarse furtivamente en dirección a la entrada, pero apenas había recorrido un par de metros cuando una voz la hizo detenerse.
—¿Has leído su última columna?
Lacey no tuvo necesidad de girarse para reconocer que era su buen amigo Raúl Santos quien había hablado. Y desde luego sabía a quién se estaba refiriendo. Ni más ni menos que a Nate Logan. La puerta de la entrada, que seguía abierta, todavía la tentaba desde la otra punta de la sala. Se quedó mirando en esa dirección, con expresión anhelante, consciente de que suponía una puerta a la libertad, el camino a un remanso de paz y silencio. Era la oportunidad de escabullirse hasta una

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*