Sueños secretos – Lilian Darcy

Sueños secretos - Lilian Darcy

Sueños secretos – Lilian Darcy

Aunque Connor Callahan acababa de conocer a Allie Todd, inmediatamente
sintió una necesidad irresistible de protegerlaa y de comprender por qué ella se
convertía en hielo cada vez que tomaba en brazos a su pequeña sobrina. Presentía
que en su vida había algo más tormentoso incluso que la nevada que los había dejado
aislados en una cabaña.
Pero Connor no iba a descubrir el secreto más íntimo de Allie hasta después de
salvarla del accidente que podría haberlee costado la vida…

Capítulo 1
PARA qué habré accedido a hacer esto? -se quejó Allie Todd a su hermana Karen
Pirelli.
Karen no respondió. Conducía la furgoneta apretando tanto el volante que tenía
los nudillos blancos. Con los hombros encorvados y la frente arrugada, murmuraba lo
que probablemente sería una plegaria.
Iban por un camino que ni siquiera en pleno verano sería bueno.
Varias copiosas nevadas ese invierno y unos días más cálidos en enero lo habían
convertido en un aterrador y resbaladizo lodazal.
-Ya estaremos llegando -masculló Karen, mirando hacia delante-. Connor dijo
que…
Se interrumpió. Salieron de un denso bosque de pinos a un claro en el que cabrían
varios coches en verano. Durante el invierno le habían quitado la nieve, que se
acumulaba en sucios montones a ambos lados del camino de donde provenían. Y en el
tercero…
Karen pisó el freno, lo peor que se puede hacer en un camino resbaladizo por la
nieve, y la furgoneta comenzó a patinar sin control, primero en una dirección y luego
en otra antes de detenerse bruscamente a unos centímetros de la abrupta caída de
metro y medio hacia el lago, completamente helado.
-Te debo una, ¿de acuerdo? -le dijo Karen a Allie, con voz temblorosa.
-No -negó Allie con la cabeza-, eso sí que no es necesario que me digas nunca. Lo
sabes bien -se aclaró la garganta y luego añadió-: No tendría que haberme quejado.
-No -le rebatió Karen-. Yo no tendría que habértelo pedido, cuando sé lo difícil
que te resulta… -cambió rápidamente de tema-. Además, sé que no te gusta demasiado
la vida al aire libre.
-¿Te ha dicho si va a ser muy primitivo?
-No.
Karen apoyó los brazos sobre el volante y gimió. Seguía teniendo mal aspecto.
-¿Te encuentras bien? – le preguntó Allie innecesariamente.

-Sí -respondió, lanzando un trémulo suspiro-. Quise decírtelo cuando veníamos,
pero te dormiste. Estoy… estoy embarazada, Allie.
-¡Qué genial, Karen! -dijo Allie, y la voz se le enronqueció.
-Lo sé -sonrió Karen, con expresión de evidente alivio. Allie comprendió
inmediatamente que su hermana no sabía cómo iba ella a tomarse la noticia-. John y yo
estamos tan ilusionados -prosiguió-. Aunque me siento descompuesta la mayoría del
tiempo, y…
Se interrumpió y ambas se dieron la vuelta instintivamente a mirar al bebé de
seis meses que dormía en el asiento trasero. Era una niña preciosa, con pelusilla
dorada en la cabeza, mejillas rosadas y largas pestañas oscuras. Se hizo un silencio.
-Se llevarán muy poco tiempo -dijo Allie, verbalizando lo que ambas pensaban.
-Sí. Trece meses.
-Jane no recordará… -comenzó Allie.
-… cómo era no tener ningún hermano -concluyó Karen-. No te preocupes por ello,
Allie, no es problema. ¡De veras! Hace tanto tiempo que John y yo queremos una
familia numerosa… y tantas veces perdimos las esperanzas de tenerla. Y sabes
perfectamente que nada de lo que estamos haciendo es problema para mí. Decidas lo
que decidas con respecto al futuro, si quieres…
-Tranquila, Karen -respondió Allie con dificultad-, ya lo sé. Me lo has prometido
desde el principio. Supongo que todavía no lo tengo demasiado claro.
-Lo único que pasa es que estoy un poco baja de energía en este momento. John
está de viaje hasta el miércoles. Tendría que haber ido con él, tomarme un descanso,
pero la oportunidad de hacer esta portada era demasiado buena para rechazarla. Ya
han vendido los derechos para hacer la película. Nancy Sherlock es palabras mayores
en este momento.
-Y tiene un temperamento que va acorde con ello, evidentemente.
-Con un tem… -comenzó Karen a decir, pero se tuvo que tapar la boca, presa de
las náuseas.
-Salgamos del coche, así caminas un poco y tomas el aire.
-No puedo abrir la puerta.
-Quédate sentada. Mejor que no intentes pasar por encima de la palanca de
cambios en las condiciones que estás -dijo Allie, protectora y severa a la vez,
calándose un sombrero azul y guantes de lana y saltando del coche para dar la vuelta
hacia el lado del conductor-. Intentaré quitar la nieve lo más rápido posible.
Karen cruzó los brazos sobre el volante y hundió la cabeza en ellos, respirando
lenta y profundamente.
Sin preocuparse porque sus guantes se empaparon enseguida, Allie comenzó a
retirar la nieve que bloqueaba la puerta. Resultaba más lento de lo que pensaba.
-¿No te vendría bien una pala? -preguntó una voz masculina.
Allie levantó la mirada, sobresaltada, y se encontró frente a una pala de nieve
color naranja. Se sentó sobre los talones, acalorada y sin aliento, y elevó la vista. Un
mango. Un guante de piel. La manga de un grueso abrigo negro que acababa en un

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