Tras el pasado – Leslie Kelly

Tras el pasado - Leslie Kelly

Tras el pasado – Leslie Kelly

Con un poco de suerte, Venus sería tan mala como parecía.
Venus Messina creía haberlo visto todo hasta que apareció aquel tipo
asegurando que era nieta de un millonario. Pero lo que más le sorprendió fue conocer
al nuevo socio de su «abuelo», el sexy Troy Langtree, por el que se sintió
inmediatamente atraída…
Después del fracaso de su último negocio, Troy Langtree había decidido
empezar de nuevo en otra ciudad con la esperanza de averiguar qué quería hacer con
su vida. Pero en cuanto conoció a Venus, se dio cuenta de que ella era todo lo que
quería.

UNO
-¿Qué dirías si supieras que podríla nieta desaparecida de un millonario?
Venus Messina resopló con impaciencia mientras abría una botella de cerveza.
Arrojó la chapa a la papelera y ni siquiera miró por encima del hombro a aquel tipo
nervioso y charlatán a quien había decidido llamar Collins por la marca de bebida que
tomaba. Se había sentado al otro lado de la barra del bar y estaba intentando
entablar conversación con ella desde que había llegado.
Nieta de un millonario. La idea le pareció ridicula, pero el hombre insistió.
-¿Y qué dirías si supieras que eres su heredera?
Nadie lo miró aunque la voz del hombre se alzaba, estridente, sobre el griterío
del abarrotado local. Era una cálida noche de viernes de junio, y todo el mundo sabía
que en una noche de viernes se oían con frecuencia historias disparatadas, sobre todo
en un pub irlandés y sobre todo cuando la gente ya había tomado algunas copas de más.
Aquella era la tercera vez en la última semana que Collins aparecía y se sentaba a
la barra del Flanagan, el bar de su tío; Venus había decidido trabajar en el local hasta
que pudiera encontrar un empleo a tiempo completo. La primera noche, el hombre se
había comportado de un modo tan silencioso, que apenas le oyó cuando pidió algo de
beber. Parecía tan fuera de su elemento como una monja en un bar de alterne. En
cambio, su indumentaria no le llamó la atención; a Fin de cuentas, el Flanagan reunía a
muchos hombres de negocios ambiciosos y ricos que pasaban sus días en los
innumerables edificios de oficinas del centro del Baltimore.
La razón por la que le pareció fuera de su elemento no fue su traje oscuro, que
probablemente le había costado más de lo que ella ganaba en un mes durante su último
trabajo de jornada completa. Fue su tensión, la inclinación de su afilada barbilla y su
gesto de desagrado cuando alguien se acercaba demasiado a él. Fue el mechón de
cabello canoso que se peinaba hacia un lado para ocultar su calvicie, porque, al fin y al
cabo, los ricos eran demasiado refinados como para usar algo tan poco elegante como

un tupé.
En cualquier caso, Collins no le gustaba. Aunque dejara muy buenas propinas.
-¿No vas a contestar a mi pregunta, jovencita?
El tono imperioso del hombre denotó claramente que había renunciado a la idea
de ser amistoso, estrategia que había utilizado el día anterior, sin ningún éxito.
Parecía que su sonrisa iba a desaparecer en cualquier momento de un rostro que,
obviamente, no sonreía muy a menudo.
.Aquella noche había evitado los rodeos. Llevaba una hora haciéndole preguntas
personales que Venus no contestaba; solo le hacía caso cuando le pedía algo de beber.
Y al final, le había salido con aquella ridicula pregunta sobre el millonario.
-¿Y bien? -insistió él con impaciencia.
Venus sirvió dos bebidas a un ejecutivo y a su pareja, que estaban sentados a la
barra, y murmuró:
-Me parece que alguien ha perdido a un idiota.
El ejecutivo sonrió y la mujer que lo acompañaba miró a Venus con cara de pocos
amigos, como para marcar su territorio. Sin embargo, el gesto era innecesario. Venus
no estaba coqueteando con él y por otra parte no le gustaban los hombres con
corbata; en realidad, estaba enfadada con los hombres en general. Su última relación
la había dejado no solo con el corazón roto sino sin trabajo.
Además, Venus había decidido que a punto de cumplir los treinta años ya no tenía
demasiadas ganas de tontear. El cambio de los veinte a los treinta le estaba sentando
tan mal que contemplaba su edad como un condenado a su
ejecutor.
Por supuesto, a Venus no le importaba tanto el número como el fracaso de sus
sueños. Había pensado que a los treinta tendría un buen trabajo, una relación estable,
una casa e incluso un par de niños corriendo a su alrededor. Pero las cosas no habían
salido como esperaba. ,
-Deberías tomarte un descanso para hablar conmigo -dijo entonces Collins,
todavía ruborizado por el comentario de Venus.
-¿Debería? -preguntó Venus con una sonrisa mientras miraba a su compañera
Janie-. Yo solo debo trabajar para ganarme mi sueldo, ¿verdad, Janie?
Janie la miró con escepticismo.
-¿Llamas sueldo a lo que Joe nos paga?
Venus comprendió la actitud de su compañera. Janie se pasaba la vida saliendo
con Joe y rompiendo su relación con él. Aquella semana estaban de separación.
Además, tenía razón. La paga era muy mala y en realidad sobrevivían gracias a las
propinas. Por alguna razón, a los clientes del Flanagan les gustaba la actitud cáustica e
irónica de Venus. Era todo un personaje.
Sin embargo, ser camarera no era precisamente su idea de un trabajo ideal.
Hasta ocho
meses antes, había tenido un trabajo que le gustaba, con un buen sueldo. Tras
dejar el instituto había empezado a trabajar en una empresa financiera, en la que

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