Un Trato Muy Especial – Leanne Banks

Un Trato Muy Especial - Leanne Banks

Un Trato Muy Especial – Leanne Banks

Nunca había conocido a una mujer a la que no pudiera tener
Cuando Michael Medici vio a la bella camarera del cóctel bar, movió ficha. Una
extraordinaria noche después, supo que quería más de Bella St. Clair. Por desgracia,
acababa de comprar la empresa de su familia, y ella lo despreciaba. En el vocabulario
de un Medici no existía la palabra “no”, así que le hizo a Bella una oferta que ni la
mujer más orgullosa habría podido rechazar: si era su amante, recuperaría la
empresa. Ella accedió a la proposición, pero se negó a rendirse a la norma de que no
habría sentimientos de por medio. ¿Sucumbiría el atractivo millonario al deseo oculto
de su corazón

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Lo llamaba Don «Paga-a-tocateja-y-deja-buena-propina». Bella Sto Clair vio al guapo y sofisticado cliente de cabello oscuro en un rincón del atiborrado bar de Atlanta. Había ido cuatro de las diez noches que ella había trabajado en Monahan’s. Siempre educado, había charlado con ella unas cuantas veces, haciendo que se sintiera como una persona, en vez de como una simple camarera. Aunque su corazón estaba muerto en todo lo referente al romance y la preocupaba el problema de su tía, Bella se sintió mejor al verlo.
Él la saludó con la cabeza cuando se acercó.
-Buenas noches. ¿Cómo está hoy? -preguntó, dejando una servilleta de papel sobre la mesa.
-He estado mejor -contestó él, encogiéndose de hombros.
Bella entendía muy bien esa expresión. El negocio de su tía había caído en manos del banco hacía un mes y Bella se sentía en parte responsable.
-Lo siento -dijo-. Puede que el ambiente lo distraiga. Un músico de jazz actuará dentro de un rato. ¿Qué le apetece?
-Whisky de malta. Un Maclellan -dijo él. Ella alzó las cejas, por el precio, y asintió.
-Una elección excelente para una noche dura o para una celebración. ¿Quiere algo de picar?
-No, gracias. Hoy hay mucho barullo -comentó, indicando una gran mesa que había en el centro de la sala-. Será por la nieve.
Ella miró la cortina cerrada con desconsuelo.
-He estado tan ocupada desde que llegué, que no me había dado cuenta. Oí el pronóstico, pero es raro que nieve por aquí. No tiene pinta de cuajar ¿verdad? -lo miró esperanzada.
-Ya ha cuajado -movió la cabeza-. Dentro de una hora las carreteras estarán cubiertas.
-Fantástico. A mi cochecito le va a encantar el viaje de vuelta a casa.
-¿Qué conduces? -preguntó él, curioso.
-Un escarabajo, Volkswagen.
-Supongo que es mejor que una moto -rió él.

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