Una trampa irresistible – Leigh Michaels

Una trampa irresistible - Leigh Michaels

Una trampa irresistible – Leigh Michaels

A Alex le gustaba su ajetreada vida de abogada y no iba permitir que ningún
hombre por atractivo que fuera la desviara de su camino .Pero Kane Forestal era
algo mas que un abogado atractivo, se interponía entre Alex y su ascenso
profesional, Kane estaba en la cima de su profesión y nadie comprendía por que
había abandonado su trabajo para irse a vivir al campo. La misión de Alex consistía
en hacerle volver, y su trabajo dependía de que lo lograra,.Estaba autorizada para
ofrecerle lo que fuera
El problema era que el precio que ponía Kane era ella misma.

Capítulo 1
EL restaurante era uno de los más nuevos y sofisticados de Twin Cities, y
siempre estaba lleno. El maître no hacía más que despedir a grupos y grupos de
frustrados clientes para los que no había mesa. Sin embargo, cuando vio a Alexandra,
su severo rostro se distendió en una sonrisa.
-Señorita Jacobi, trataré de encontrarle una mesa enseguida. ¿Va a reunirse con
algún cliente?
-No, George, vengo a la fiesta de la señora Adler.
El maître asintió.
-Están en el comedor reservado para las celebraciones. No olvide saludar a su
padre de mi parte.
Alex asintió.
-Lo haré… la próxima vez que lo vea.
Cruzó el abarrotado restaurante, saludando con la cabeza a algunos conocidos y
se detuvo un momento ante la puerta de entrada del comedor privado, desconcertada
por el jaleo y las risas que procedían del interior.
Llegaba tarde, por supuesto. No por culpa de su secretaria, Sharon, que la había
avisado con tiempo, sino por la importante llamada telefónica que había recibido
cuando estaba a punto de salir.
Sin embargo, la docena de mujeres reunidas para la fiesta no la habían esperado.
Y Alex no esperaba que lo hicieran. El buffet aún seguía en la mesa, pero los platos
usados ya habían sido apartados, dejando espacio para los paquetes de los regalos.
Joanna Adler apartó la mirada del pijamita que acababa de sacar de una de las
cajas y dijo:
-¡Así que aún existe Alex Jacobi! Y se ha apartado de uno de sus libros de
derecho para honrarnos con su presencia. Me siento realmente conmovida.
Alex arrugó la nariz.
-No empieces a meterte conmigo, Joanna. Tú me has dejado plantada a mí para

comer tantas como yo a ti, o más -tomó un plato y se sirvió ensalada de cangrejo y un
poco de lechuga.
-¿Y quién tiene tiempo para llevar la cuenta? -Joanna se levantó y se acercó a
Alex. Su forma de caminar era menos ágil de lo habitual, y su vestido no ocultaba en lo
más mínimo el hecho de que estaba embarazada de casi nueve meses.
Alex, que no la veía hacía varias semanas, no pudo evitar parpadear de sorpresa.
-Lo sé, lo sé -dijo Joanna-. Parezco un furgón de carga y me siento como una
ballena -abrazó a Alex cálidamente-. Si hubiera sabido que ibas a venir habría
esperado a abrir tu regalo. Me ha encantado, Alex. Es precioso y lo guardaré
siempre… fuera del alcance del bebé, por supuesto, para que no lo rompa.
-Me alegra que te haya gustado -murmuró Alex. Pero su mente se había quedado
en blanco. Recordaba haberle pedido a Sharon hacía unos días que comprara y enviara
un regalo para el futuro bebé de Joanna, y luego lo había olvidado por completo. Ni
siquiera recordaba si Sharon le había dicho lo que había comprado.
Sintió una punzada de remordimiento al pensar en el regalo que pensó en hacerle
originalmente a aquel bebé tan especial. Le pareció tan sencillo siete meses atrás,
cuando Joanna le dio la noticia… Más de medio año debería haberle bastado para
terminar la pequeña colcha.
Pero no le bastó. Subestimó sus obligaciones laborales, y la colcha azul y rosa
seguía a medio hacer en una cesta, junto al sofá del cuarto de estar. Y seguiría allí
hasta que, en alguna limpieza, decidiera tirarla para que dejara de recordarle otra
buena intención no llevada a cabo.
Reprimió un suspiro de pesar. Joanna, directora de personal de un importante
banco, sabía por experiencia lo absorbente que podía resultar un trabajo de «alta
tensión».
-Voy a tomarme seis semanas por baja de maternidad -dijo Joanna, mientras
desenvolvía otro regalo La verdad es que me apetece la idea de pasar una temporada
en casa.
Hubo algunas exclamaciones de incredulidad. Alex no se unió a ellas, pero estaba
de acuerdo. ¿La activa Joanna pasando el día tranquilamente en casa?
Joanna apoyó las manos en sus caderas.
-¿Sabe alguna de vosotras el placer que va a ser no tener que ponerme medias si
no quiero? Pero claro… ¡ninguna de vosotras necesita una grúa para ponérselas por la
mañana!
El maître apareció en ese momento con un teléfono.
-Hay una llamada para usted, señorita Jacobi.
Alex se apartó del grupo. Era Sharon, y parecía preocupada.
-Lo siento, pero he pensado que debía decirte que el señor Morgan te está
buscando.
Alex quiso maldecir. Neville Morgan, el socio mayoritario bajo cuyas órdenes
trabajaba, sabía perfectamente que ese mediodía tenía una comida especial con unas
amigas; ella misma se lo había dicho el día anterior. A pesar de todo, cuando un socio

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